Érase una vez un
pequeño niño de 5 años de edad, el cual vivía con sus padres, Ana y Marcos, en
un piso en la cuidad. Este niño, llamado Miguel, era amante de los animales y
durante el día jugaba con su gran caja de animales de la selva (el león, el
tigre, el mono, el elefante, el cocodrilo, etc.…) y por la noche Miguel, antes
de irse a dormir, veía películas relacionadas con animales como “El Rey león”,
o “Dumbo” y cuando era hora de dormir, dormía junto a su osito de peluche.
Miguel siempre pedía tener una mascota en su casa pero,
debido al espacio reducido, esta mascota debía de ser pequeña, que no ensuciara
mucho, que fuese obedeciendo pero que, al mismo tiempo, Miguel pudiese jugar y
acariciar a esta mascota. Para ello, un día después del colegio de Miguel, los
padres de este aprovecharon la cercana
fecha de su cumpleaños y fueron hacia la tienda de animales para elegir la
mejor mascota que cumpliera estos requisitos. Primero vieron al pez, era
pequeño, no manchaba mucho pero Miguel no podía jugar con el; segundo al perro,
pero era demasiado grande para el piso, ensuciaba bastante pero este sí podría
jugar con él; en tercer lugar vieron a la tortuga que era pequeña, no ensuciaba,
a pero otra vez no podría jugar con Miguel; después de otros cuántos animales
domésticos, por último se le presentó el hámster que parecía cumplir con todo
lo propuesto: era pequeño, no ensuciaba y jugaría con Miguel lo podía
acariciar, cuidar y Miguel tendría que ser responsable con su cuidado.
Así que lo compraron y cuando pasaron dos días, llegó la
fiesta de cumpleaños de Miguel y recibió su pequeña y deseada mascota el hámster
Federico. Y, colorín colorado este cuento se ha acabado y al pequeño Miguel un
hámster sus padres. le han regalado.